lunes, 12 de mayo de 2008

La vergüenza de la TV:

Cuando las figuras de la tv nacional Macarena Pizarro, Scarlet Cárdenas y otros “enviados especiales” comentan frases como: “estamos realizando un gran esfuerzo periodístico para estar aquí” y, ese esfuerzo no ha consistido en nada más que unas cuantas horas a bordo de un cómodo avión. Termino por sentir vergüenza de mis colegas.

No puede ser “un gran esfuerzo” pararse frente a un pueblo cuyos habitantes son evacuados para resguardar sus vidas mientras sus hogares, pertenencias y formas de ganarse la vida (ganadería principalmente) son destruidas por un fenómeno geológico. Abandonar tu hogar bajo esas circunstancias, eso si es un gran esfuerzo.

La otra vergüenza es que más encima saben poco de geografía ya que el enviado de Canal 13 envió su primer despacho desde Pto Montt (capital de la región afectada y ubicada a casi 400 kms del volcán Chaitén) presentándola como una zona también afectada.

Bueno, no puedo dejar de compartirles este artículo escrito junto a otra persona, muy importante para mi, que fue publicado hace unos cuantos meses por el diario en que trabajo, Agenda XV, y que refleja una opinión válida para toda la tv.

EL CIRCO TELEVISIVO

No es grato usar la palabra circo para referirse a la TV, lo decimos por haber visto alguna vez dignos trabajos del arte circense pero, para facilitar el entendimiento y referirnos más claramente a la “cajita electrónica feliz”, esta palabra se convierte en un buen mecanismo para señalar los contenidos de la programación enfocados principalmente en la entretención liviana, principalmente farándula. Esto es, menos que periodismo de espectáculos dedicado a la investigación fácil de la poco oculta intimidad de los famosos; estos personajes celebres, que casi como caricaturas harían cualquier cosa para aparecer en pantalla y formar parte protagónica de este circo, un show barato, pero circo al fin y al cabo. De hecho nos aventuramos a decir que los chilenos, gracias al aporte de la t.v. y a nuestra exitosa sociedad de “jaguares de Sudamérica” vivimos con poco pan y muy mal circo, usando el concepto asociado a esta última palabra originado en la antigua Roma en donde la fórmula les funcionó muy bien para mantener un mal esquema de gobierno durante más de mil años.

La corrupta caja, mal llamada idiota

La TV es una de las principales herramientas de persuación existente en el ejercicio de las ciencias sociales de nuestro país y no se encuentra al servicio de la sociedad sino que camina de la mano de quienes le entregan dinero. Esto es preocupante pues la pone al servicio de intereses ocultos que suelen usarla para fines dudosos, difusos e inciertos. Por lo mismo su poder, por sobre el de otros medios de comunicación de masas, es algo debidamente estudiado, probado y documentado desde su surgimiento, a mediados del siglo pasado, como para funcionar de la manera irresponsable que lo ha estado haciendo bajo los esquemas del libre mercado.

Cuando hablamos del acceso a la educación y la salud no nos queda ninguna duda acerca de su carácter de derechos; los cuales nosotros, como seres humanos, tenemos sólo por existir y es claro que no queremos ser excluidos de ellos por las mezquinas reglas del mercado. La comunicación social, el acceso a la información y el derecho a entregarla son principios naturales inalienables y tan importantes como el acceso a la salud, la educación y a la democracia. Y no nos olvidemos que esto es así desde que se estableció como principio en la revolución francesa de 1879 y se volvió a ratificar por las naciones Unidas en la Declaración Universal de los derechos humanos, convención aceptada por todas las naciones libres del mundo.

Poder mediático televisivo.

Promociona el mito y la fantasía a diario. Nos entrega distorciones tales que termina por imponer, por ejemplo, sus propios parámetros de belleza al telespectador: la rubia de tez blanca biotipo europeo, de metro setenta centímetros de estatura, piernas largas y cuerpo curvilíneo que, a pesar de estar un poco famélico, posee grandes senos. Este estereotipo junto con exaltar la figura perfecta, aunque este sea moldeada con cirugía en un quirófano a base de silicona, reducción de abdomen, levantamiento de glúteos etc., se convierte en el común denominador de la programación todos los canales abiertos de nuestro país.

La frase “Niégate a ti misma” se implanta como mensaje subliminal a los miles de niñitas y mujeres chilenas de estatura y cuerpo promedio, mal llamadas comunes por ser casi todas de similar contextura y estar lejos de los parámetros europeos y, por cierto también de Europa. Como si buscaran programar en el subconsiente femenino el siguiente mensaje: “Estoy obesa, mis muslos, mis caderas son enormes mis piernas son gordas y cortas… me rechazo porque con este cuerpo deforme no tendré éxito en la vida nadie me va a querer no seré aceptada en ningún lugar, ningún hombre me querrá”, etc.

Así los parámetros de belleza cambian formándoles a las adolescentes la idea subconsiente de la anorexia, bulimia y una serie de problemas sicológicos y biológicos derivados de la exposición a mensajes que pretenden manipular sus conceptos de éxito, belleza y autoestima así como la manera de llegar a esos objetivos para tener el alcanzado éxito en la vida social y hasta profesional, el extremo se manifiesta en las niñas que en plena edad de crecimiento están pidiendo a sus padres aquella famosa operación para aumentar el busto.

Crear inseguridad e incentivar “el consumo de las operaciones” pareciera ser el irresponsable objetivo detrás de estos contenidos pues cada día existen personas de ambos sexos que terminan con graves secuelas que llegan hasta la muerte por viajar a cualquier país vecino a operarse para lograr la tan ansiada belleza a buen precio olvidando que las intervenciones quirúrgicas no son un juego, caen en manos de médicos avarientos e inescrupulosos y cosmetólogas que juegan con la salud de la población inyectando silicona para las arrugas, los labios y los pechos. En la era de la belleza pareciera que todo vale no importando arriesgar la vida con tal de ser feliz con una nueva apariencia (como si la verdadera felicidad tuviera algo que ver con eso) y, no olvidemos que también en nuestro país se ha creado un gran mercado de estas prácticas y de la creación de necesidades que las personas realmente no tienen.

Saliéndonos un poco del tema estético y entrando al aporte que la t.v. realiza a la formación de los jóvenes de nuestra sociedad cabe destacar el caso de la menor publicada por sus amigos en Internet, dicho sea de paso en un gran acto de compañerismo, manteniendo sexo oral en una plaza del lejano país de Santiago. ¿De a dónde creen ustedes que salió el crisol de brillantes ideas surgidas en las cabezas de estos menores y que desembocó en la peor muestra de subvaloración del ser humano vista en la pantalla chica e Internet?. La tele no sólo programa a nuestras nuevas generaciones con nuevos criterios de belleza y consumo, sino con otras cosas que lamentablemente no les entrega el sistema educacional tradicional y formal como son la formación sexual y emocional.

“Prime Time”

Los horarios de mayor importancia comienzan con las telenovelas, cerca de las 20 horas, culebrones dramáticos e irreales creados por los mismos escritores de siempre, actuados por los mismos actores de siempre y donde los guiones suelen ser algo así como lo mismo de siempre. Fantasías irreales donde los personajes realizan sus sueños de manera fácil destacándose el poco esfuerzo y basándose mayoritariamente en la relación con el sexo opuesto. Todo un modelo a imitar.

El horario de las 20:hrs. es uno de los más lucrativos para los canales por emitir un comercial tras otro en el llamado segmento “prime” interrumpiendo una producción mediocre. Sigue el noticiario central con informaciones principalmente venidas de la capital (a pesar de la supuesta cobertura nacional de los medios en cuestión). La franja de las diez de la noche que incluye series policiales, comedias, producciones que abordan distintos temas como “la sexualidad chilena al desnudo”, historias de mujeres, las series de cirugía estética y, la última novedad, el morbo de oír problemas ajenos en esos seudo tribunales de justicia televisivos.

Nos encontramos con una televisión dictatorial, arribista, morbosa de lo ajeno, con poca autocrítica y, con el bisturí rasgando la piel de las aspirantes a aliviar su alma y su espíritu tras una cirugía plástica. Es interesante como en este último punto encontramos una megacontradicción: cualquier experto en el mundo espiritual podrá aclararnos que el espíritu y el alma difícilmente se arreglarán con una cirugía, porque si así fuera, para qué existen entonces, la oración, Cristo, los sacramentos y todas las manifestaciones de la fe.

A nuestra televisión no le interesa educar, ni ser un motor de comunicación social denunciando los reales males de nuestro país o ayudándonos a tomar mejores decisiones. Les interesa captar nuestra atención para vender publicidad y el verdadero poder sobre ella está oculto tras la firma de los cheques percibidos por este concepto. Los periodistas sabemos muy bien lo que pasa cuando en un medio se publica algo que no le gusta a un auspiciador importante.

La televisión, cuando fue creada, estuvo destinada a incrementar el nivel de conocimientos de la población poniendo en común contenidos pertinentes e informaciones relevantes a la población, ese fue su propósito inicial y, en Chile se le entregó esta responsabilidad a las universidades debido a su autoridad académica y moral en estos temas. Actualmente el mundo de las imágenes a distancia se legitima a través de un sistema de medición de sintonía llamado people meter el cual nadie conoce, ni sabe muy bien cómo funciona y, el cual es usado para justificar la basura que nos pretenden encajar bajo el supuesto de que es lo que queremos.

Como televidentes no tenemos como seleccionar lo que queremos ver, nuestra opinión no importa, no somos partícipes, sino más bien víctimas.

La famosa cajita electrónica no nos hace pensar, ni maravillarnos con una obra artística, no permite que el espíritu del teleespectador crezca, aprenda, conozca, se sorprenda ni entienda el mundo que lo rodea y le permita ser individuo frente al universo, mucho menos comprender el otro ser humano de al lado para así juntos contribuir en forma positiva al desarrollo de nuestra sociedad.

NO SOMOS UN PRODUCTO DE CONSUMO. NO SOMOS LO QUE NOS MUESTRAN.

La televisión no es el reflejo de nuestra realidad como país ni como sociedad.